Por Héctor
Mientras caminaba por los campos de su casa en Utuado, el amigo cuentista Fernando Moreno Orama se topó con un animal que lo paralizó. No fue su veneno, que no le haría daño a nada más grande que una mariposa. Tampoco fue su trampa de seda, aún siendo 4 veces más fuerte que el acero y siendo capaz de alcanzar 2 metros de ancho. Se detuvo ante la impresión salvaje, casi amenazante, de la araña de seda dorada (Nephila clavipes). La siguiente es una foto que le tomó.
Las hembras -como la que se muestra en la foto- son mucho más grandes que los machos. Estos, en vez de construir sus propias redes, se mantienen en la periferia de la red construida por la hembra y la “parasitan”, alimentándose de las presas pequeñas que caen en ella. El macho es tan pequeño que durante la reproducción tiene que acercarse a la hembra con cautela para que ésta no deprede sobre él.
Esta araña se encuentra distribuída a través de las Américas, incluyendo el Caribe, y se ha documentado que es una especie especialmente común en Puerto Rico (Vargas, 1997). En nuestros campos y pastizales se alimenta de insectos voladores como saltamontas, polillas, mariposas y moscas.
Por su fortaleza y propiedades biocompatibles, la seda producida por N. clavipes es objeto de investigación para ser utilizada en procesos tan diversos como cirugía óptica, restauración de tendones y ligamentos, neurocirugía, producción tejidos deportivos y velámenes de barcos, robótica y producción de artículos de defensa (chalecos antibalas).
Esta especie, por su aportación a la ciencia y la tecnología, representa un perfecto ejemplo de los servicios que provee -o puede proveer- un solo elemento de nuestra biodiversidad. Si tomáramos cada organismo, cada ecosistema, y reflexionáramos sobre su aportación a la vida humana, nos daríamos cuenta de que el beneficio potencial que representa la biodiversidad global para el ser humano es incalculable. Rebasa, sin duda, lo que podemos y estaríamos dispuestos a pagar. Va más allá de nuestra imaginación.

El año 2010 ha sido declarado por las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Biodiversidad. La biodiversidad -la flora, fauna y otros organismos que nos rodean- representa servicios irreemplazables para el ser humano. Los sistemas vivos y no vivos que nos proveen agua, alimento, materia prima, combustible y medicinas dependen, de alguna u otra forma, de la biodiversidad. Ésta representa, además, la existencia de espacios para relajación, reflexión y entrar en contacto con un mundo al cual pertenecemos. Como seres humanos, somos parte de la biodiverdidad del Planeta. Existe, sin embargo, una diferencia entre nosotros y otros organismos que genera también una gran responsabilidad. Tenemos la capacidad de proteger, así como la de destruir, la diversidad biológica que nos rodea. Es mediante la educación que la balanza se inclinará a la conservación. Durante este nuevo año continuaremos reconociendo el la gran importancia que para nosotros representa la biodiversidad mundial, y más imediatamente la de Puerto Rico, con la esperanza de que otros se contagien con el reconocimiento de su valor intrínseco.


















El Roble Blanco es el único nativo a Puerto Rico de aquellos que ocurren comúnmente en nuestras áreas urbanas. Las demás especies que adornan el paisaje son exóticas y han sido introducidas con ese único propósito (ornato). Este roble no sólo dá color a nuestros espacios sino que en los bosques donde habita es una pieza clave en el ecosistema. Algunos podrán decir que es menos vistoso que el Roble Amarillo o algún otro. Sin embargo, el servicio que provee a los puertorriqueños el Roble Blanco es, más allá de las fronteras que demarcan los jardines y de lo que satisface al ojo particular, incalculable.











